Sawyer
Lunes, Junio 15, 2009 4:11De la Wikipedia: “Etológicamente, los gatos ven a los humanos como a un sustituto de sus madres, viviendo una especie de prolongación durante su madurez de la época en la que son cachorros”.

Hace poco más de 24 horas que Sawyercito ha muerto. Sólo tenÃÂa 4 años.
Estoy tan triste que me está costando horrores escribir la entrada…
El sábado, 6 de junio, habÃÂa estado poco activo y el domingo decidimos llevarlo a la clÃÂnica. Descubrieron que tenÃÂa un fallo renal y hubo que ingresarlo. Pese a la alimentación tan estricta que, por consejo del veterinario,  habÃÂa llevado el pobrecÃÂn el último año para prevenir el sobrepeso, le detectaron cálculos en los riñones.
Este viernes lo operaron para ensancharle la uretra y ver si de este modo podÃÂa expulsarlos de forma natural. Era una operación muy delicada, pero estaba dentro de lo habitual. Perdió mucha sangre y su hematocrito, que habÃÂa estado bajo toda la semana, caÃÂa. Tuvieron que hacerle dos transfusiones. Rechazó la segunda y ya no fue capaz de recuperarse.
De verdad que pensé que lograrÃÂa salir de ésta. Sàque se me pasó por la cabeza en algún momento que podrÃÂamos tener mala suerte, pero estaba convencida de que finalmente todo irÃÂa bien. Cuánto lamento haberme equivocado…
Sé que no tengo que hacerlo, pero no puedo evitar pensar que, con lo miedosÃÂn que era, quizás sàhabrÃÂa salido adelante si al menos uno de sus dos adoptantes hubiéramos podido estar a su lado. Porque sólo confiaba del todo en nosotros y nos necesitaba.
QuerrÃÂa creer que entendió por qué estaba en un sitio donde le hacÃÂan cosas que no le gustaban y que, seguramente, también le hacÃÂan daño pero, aunque asàfuera, ¿cómo iba a lograr entender por qué no estaba ninguno de nosotros para acompañarlo en esos momentos tan difÃÂciles?
La penúltima vez que estuve con él fue para llevarlo a la revisión semestral de su soplo de corazón. La verdad es que su condición se mantenÃÂa estable. No le molestaba para llevar una vida normal y la siguiente revisión no serÃÂa hasta pasado un año largo. Estábamos contentos porque su salud estaba bien.
Pero Sawyer estaba un poco tontÃÂn conmigo porque, además de haberlo sacado de casa (con lo casero que él era), el veterinario le habÃÂa extendido demasiado generosamente un gel frÃÂo y húmedo para hacerle la ecografÃÂa. Y, aunque al terminar lo secamos como pudimos, el chiquitÃÂn llegó tiritando a casa. Y mojado, y no habÃÂa cosa que le gustara menos en el mundo.
Asàque antes de venirme definitivamente a Londres, volvàa visitarlo. Ya habÃÂa perdonado mi atrevimiento, porque en realidad me querÃÂa mucho y no podÃÂa pasar demasiado tiempo ofuscado conmigo. Jamás se me habrÃÂa ocurrido pensar que ésa serÃÂa la última vez que lo verÃÂa. Me alegro tanto de haber vuelto aquel dÃÂa…
Recuerdo cuando fuimos a buscarlo a casa de una familia que ya no se podÃÂa permitir tener más gatos (tenÃÂan unos ocho campando por el jardÃÂn). Era un cachorrito de pocas semanas, atemorizado, pero muy pacÃÂfico, como siempre fue. Lo llevamos en una caja unas calles más abajo, donde vivÃÂamos en aquella época.
Esa primera noche la pasó conmigo, en mi habitación. Los dos en vela, porque él estaba demasiado asustado como para dormir y yo querÃÂa estar atenta a cualquier cosa que le hiciera falta para que se sintiera a gusto y para que supiera que con nosotros estaba seguro y que iba a tener la mejor vida que le pudiéramos dar.
Se escondÃÂa en un pequeño hueco, debajo de la torre de mi PC. El mismo en el que ya no cabrÃÂa cuando, años después, dejamos aquella casa. Se habÃÂa convertido en un gato grande, lozano, precioso. Incluso estuvimos a punto de llevarlo a un casting de Whiskas pero, siendo tan aprensivo con los desconocidos, pensamos que no serÃÂa positivo para él.
Su primer verano de vida lo pasamos nosotros dos juntos y nos hicimos inseparables. Era tan cariñoso. Me ayudó mucho en esos momentos tan duros de la carrera y, a partir de entonces, ya para siempre. Me gustan los gatos porque no se juntan con alguien sólo porque le da de comer. Realmente escogen con quién prefieren estar.
Y yo me sentÃÂa muy honrada de estar entre los preferidos de Sawyer. Era una gran responsabilidad. No querÃÂa defraudarlo. Él se volcaba conmigo saliendo a saludarme cuando llegaba a casa, animándome si estaba triste (porque se daba cuenta), haciéndome compañÃÂa cuando estaba sola o enferma, jugando conmigo… Y yo intentaba que se sintiera seguro, feliz y que no le faltara de nada.
Cuando tenÃÂa un año, lo llevamos a vacunar un lunes. Yo estaba en el ordenador y él estaba, como siempre, contemplando el panorama primaveral desde la repisa de mi ventana, que daba al jardÃÂn. Nunca se me olvidará cuando oàalgo que tardé dos segundos que me parecieron dos siglos en identificar como zarpitas intentando agarrarse a las losas de la repisa. ¡Sawyer se habÃÂa caÃÂdo desde un primer piso!
El corazón se me aceleró y la adrenalina me permitió llegar y abrir la puerta corredera del salón en un tiempo que ningún atleta podrÃÂa igualar. No me habÃÂa parado a asomarme a la ventana. ¿Y si se habÃÂa partido una pata? ¿Y si habÃÂa salido huyendo del susto a un lugar del que no sabrÃÂa volver?
Por fortuna, Sawyer entró corriendo raudo, subió las escaleras y se escondió debajo de la cama. Pero habÃÂa dejado un rastro de sangre. Sangre gatuna, muy clarita. Lo llevamos a urgencias y la veterinaria nos dijo que, posiblemente, se habrÃÂa mareado como efecto secundario de las vacunas y que eso lo habrÃÂa hecho resbalarse. Me sentàmuy mal por no haber previsto eso.
Era de noche. A màse me escapaban las lágrimas de preocupación. No hubo que ingresarlo, pero le hicieron una radiografÃÂa y tuvieron que afeitarle una patita para meterle una vÃÂa. Al caer desde tan alto, y de pie, su barbilla habÃÂa tocado el suelo y se habÃÂa partido parcialmente el paladar.
Llevó mejor todo el proceso porque sus dos favoritos estábamos con él. Y eso es lo que me habrÃÂa gustado hacer esta semana pasada: estar con él para ayudarlo a superar lo que le estaba tocando pasar, que era mucho, muchÃÂsimo peor.
Era tan juguetón, estaba tan lleno de vida… Si le lanzabas una pelota, te la traÃÂa de vuelta y la empujaba con el hocico hacia ti, mirándote con insistencia para que se la lanzaras otra vez. No se cansaba de enredar con cualquier cosa que colgara de las alturas (incluyendo vestidos en perchas, sÃÂ) y los objetos con plumas le encantaban. Su juguete preferido era uno de color morado con plumas.
También era un gran cazador, sigiloso, ágil y certero. En Móstoles nos libraba de las arañas y, sobre todo, de las cucarachas (solÃÂa comérselas hasta que un dÃÂa se indigestó, luego ya sólo las cazaba). Si los pajaritos y los pequeños roedores no me inspiraran tanta compasión, me las habrÃÂa apañado para que hubiera podido ir de caza mayor, como se merecÃÂa.
Le gustaba mucho esa comida gelatinosa que viene en sobres de aluminio, y los premios para gatos. Sin embargo, la leche y los caramelos para gatos no le hacÃÂan mucha gracia. La verdad es que era un poco sibarita, es una pena que el veterinario le tuviera que prohibir cierta comida, total, para que luego pasase esto…
Era un gato muy limpio. Cuando, la primera noche, le enseñé a usar el arenero, no pensé que ya lo hubiera aprendido para siempre o que no fuera a hacer el vago alguna vez e ir donde no debÃÂa. Tampoco soltó nunca ninguna bola de pelos de las que se supone que dejan los gatos, y eso que no empezó a tomar anti-bolas hasta bastante tarde.
Y era tan fino que siempre mantenÃÂa su pelo lustroso, pese a que el agua era su némesis. Me hacÃÂa gracia cuando habÃÂa bebido con tantas ansias que llegaba rezongando con la barbillita mojada. En la última época, le gustaba meterse dentro de la bañera cuando alguien acababa de ducharse. Supongo que le gustarÃÂa la sensación del agua en sus almohadillas, por más que todavÃÂa me resulte increÃÂble viniendo de él.
Una de las cosas que más me costó de venir a Londres es saber que, no sólo no iba a poder ver a Sawyer casi nunca, sino que no habÃÂa forma de explicarle por qué yo ya no iba a estar cerca. Ese grado de indefensión generado por la incapacidad de comprender es algo me enternece tanto que a menudo me hace llorar. Aunque ahora estoy llorando porque nunca voy a poder volver y que sepa que ya no tiene que preocuparse más, porque he vuelto.
No sé qué va a pasar cuando vuelva a la casa y él no esté. TodavÃÂa habrá pelitos suyos por ahÃÂ. No sé cuántos pelos por segundo debÃÂan de crecerle para reponer todos los que soltaba. El otro dÃÂa me encontré dos hebras doradas en un jersey y me hizo ilusión: un poquito de Sawyer aquàen Londres.
Sé que sentiré un gran vacÃÂo, uno más grande que el que ahora siento, cuando, al volver, el chiquitÃÂn no salga a saludarme; al comprobar que ya no está su arenero, que Sawyer no está escondido debajo de la cama ni dentro del armario. Que jamás lo volveré a ver.
He tardado mucho en escribir esta entrada, porque he tenido que hacer pausas para recuperarme. Pero ahora se acabó. En el futuro podré acudir aquày asàno olvidar la forma en la que recuerdo a Sawyer hoy, cuando todavÃÂa no he terminado de asimilar que ya no está.
Nota: He dejado los comentarios activados pero, por favor, sed considerados. Que nadie intente animarme diciendo que era sólo un gato, que me compre otro, ni ideas similares.
Escuchando: Bunbury. Y a Sawyer le gustaba.
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Lunes, 05:39, 15/06/09
NetDancer ha comentado:
Jo Dau, es uno de mis temores más recurrentes: Perder a mi Sambita.
Es increÃÂble lo mucho -muchÃÂsimo- que podemos llegar a quererlos, tal vez porque nos proporcionan un mar de sensaciones positivas y continuamente nos obsequian con pequeños detalles, muestras de afecto y complicidad, gestos que posiblemente para otros -aquellos que nunca han compartido su vida con un gato- podrÃÂan pasar desapercibidos.
Un gran abrazo Dau, procura no atormentarte y piensa que él ya no está sufriendo (un pobre -pero necesario- consuelo). La gran putada de la muerte es realmente para aquellos que nos quedamos aquÃÂ.
Lunes, 18:28, 15/06/09
Héctor ha comentado:
Yo creo que le vi sólo una vez de las que os visité en Móstoles. Casi pensaba que tenÃÂas gato sólo porque lo decÃÂais, pero no se dejaba ver.
También es que igual yo repelo a los animales.
La mayor pena es que le haya pasado siendo tan pequeñito todavÃÂa, yo me acuerdo de algunos de los perros que tenÃÂan los pastores de la finca cuando yo era pequeño, y una estaba fatal, pero era supermayor, que al menos cuando mueren parece que da menos pena, que es ley de vida. Pero cuando aún son pequeñitos parece que casi no les ha dado tiempo para nada.
Lunes, 20:36, 15/06/09
ele ha comentado:
pensa que foi un gato moi feliz, que tiña quen o coidase, o querese e o alimentase; hai miles de animais que non son nin unha mÃÂnima parte de afortunados como o foi sawyer ao tervos. quédate co bo do teu mixiño que el tamén levou o mellor de terte como amiga (asegúrocho). un biquiño
Miércoles, 12:24, 17/06/09
Pip ha comentado:
Dhaunae,
Mi vida ha estado siempre rodeada de felinos y cada pérdida ha sido equivalente a perder algo de màmismo.
He llegado a tener 6 gatos de los que ya sólo sobreviven dos abuelos.
Mi más sincero pésame.