Politic-eando

Miércoles, abril 8, 2009 18:02
Archivado en la categora Frikismo, Opinión, Personal

La semana pasada, viniendo de la universidad, me encontré en “mi” calle con un tímido conato de protesta colectiva (llamarlo manifestación me parece excesivo) en contra del aborto. Ahora que lo pienso, no tengo ni idea de qué hacían aquí plantados, porque no hay nada “interesante” en contra de lo que emitir las protestas.

En la acera de la izquierda había unas cinco personas con pancartas y carteles en los pies. Su actitud era tal que, si hubieran sostenido litros de cerveza y calimocho en vez de los lemas, tampoco me habría sorprendido (salvo por el hecho de que en Londres nunca he visto a la gente juntarse para beber en la calle, claro).

En la acera de la derecha, por la que yo iba, había una monja ya mayor y de aspecto de endeble. Ella sola acumulaba más carteles que todos los de la otra acera (“Así empezaste tú”, al lado del dibujo de un zigoto) y, además, creo que repartía folletos, pero a mí no me dio ninguno. Estuve a punto de pararme a hablar con ella, pero luego pensé que el debate no nos iba a llevar a ninguna parte productiva y tampoco quería disgustarla.

Precisamente, esa semana todavía tenía muy presente el principal tema de debate que había estado saturando los medios de comunicación españoles: ¿es correcto que las chicas de entre 16 y 18 años puedan abortar sin el consentimiento de sus padres? Un tema controvertido, de esos que te hace perder muchos lectores (cuando los tienes) al dar tu opinión. Sin entrar en “aborto sí, aborto no”, que es otro asunto, ahí va la mía:

Ya que los padres no han sabido, por el motivo que sea, educar a su hija para tener una larga y feliz infancia (¡lo cándida que era yo con 17 años!) o, en el peor de los casos, educar a su hija para que use preservativo, ¿qué derecho moral tendrían después esos padres para meter las narices, por ley, en una opción tan personal como es decidir si es apropiado o no abortar?

Ser “padres de” no es un motivo suficiente para mí. Hay buenos y malos padres, o hay padres a los que se les da bien serlo y padres a los que no. Si ya se les ha ido de las manos “la situación”, su propia hija, ¿qué contribución positiva podrían dar esos padres llegado el nefasto momento de tener que decidir si se aborta o si no? Más madurez, no. Ya que ellos son, en parte, responsables de haber llegado esa desgraciada situación.

Los futuros abuelos sí tendrían algo que decir si su hija decidiera no abortar y ésta contara con que sus padres cuidaran, alimentaran y cobijaran al retoño. Pero si la muchacha aborta, no recaería ninguna responsabilidad sobre los no-abuelos, así que, ¿por qué informarlos a riesgo de desencadenar un inútil drama familiar? Inútil, por las broncas al respecto de algo que no tiene solución (sí, la niña de tus ojos ha estado por ahí fornicando con a saber quién y sin preservativo) y respecto de algo que sí la tiene (la posibilidad de abortar en España, con el fin de no truncar los estudios y el futuro de la muchacha).

Cambiando de tercio, aunque sigo en Londres, no puedo evitar comentar la decepción el asco que me da el nuevo gabinete de gobierno de España. Empezando por una ministra de Sanidad que, aparte de haber demostrado en repetidas ocasiones ser completamente analfabeta (tendrá una licenciatura en Derecho, pero de verdad que parece que no terminó ni EGB, los que vivimos en la Comunidad de Madrid lo sabemos), ¿qué mínima idea podría tener de Sanidad más allá de que es recomendable lavarse las manos antes de comer?

Lo de la ministra de Cultura me parece entre obsceno y escandaloso, pero tampoco me esperaba otra cosa, para qué nos vamos a engañar. Ya puestos, podrían haber elegido a Pilar Bardem, que también comparte la dualidad titiritera-militante y ha abogado más por el PSOE que esa otra “advenediza”.

Lo único positivo y sorprendente es que la ministra de Ciencia e Investigación ha sido realmente investigadora científica. Ya podría impulsar la investigación y el desarrollo en España, que todo el mundo que quiere hacer algo útil sin sufrir eternamente la vida del precario tiene que irse fuera. Pero, con la excusa de la crisis, no es difícil imaginar la importancia y el presupuesto que se le va a dar a este Ministerio.

Facts, que pueden tener o no nada que ver con lo anterior:

– Spotify se ha dado cuenta de que no estoy en España y me ha tocado cambiar la dirección. Ahora no puedo escuchar algunas de mis canciones favoritas de Röyksopp o The Cure. Ni “Johnny B. Goode”. ¿Pero esto qué es? ¿Tendremos alguna vez libre acceso a la cultura y a la información no sensible (que tampoco pido que podamos consultar datos clasificados)? No voy a entrar en cómo están recortando nuestra libertad en Internet en el democrático Primer Mundo, porque hoy no me apetece.

– Se me había olvidado comentar el importantísimo hecho de que el miércoles pasado, tras recuperar mi SIM antigua, me crucé con Moss en un paso de cebra. Si no era él, era su doble. No le saqué una foto porque no es mi costumbre parar a la gente en medio de Oxford St para hacer el ganso, cuando seguramente esa gente tiene cosas que hacer.

– Ayer fui a Forbidden Planet y hoy volveré otra vez. Entre otras cosas, quiero dos sujetalibros de edición especial, uno de Muerte y otro de Sueño, cada uno de los cuales vale unas 200 libras. No es sólo por frikismo, es que son preciosos. También quiero una réplica a escala 1:4 de una reina Alien, cuyo precio es igual de prohibitivo. Así que iré, babearé un poco más, y saldré como quien va al Museo Británico a ver esculturas de gatos egipcios: sin nada.

Healing my wounds with: Portishead.

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12 comentarios a “Politic-eando”

  1. Miércoles, 21:52, 08/04/09

    tyler ha comentado: