Castigos de la Edad Media


Aquí os ofrezco ahora algunos de los castigos más comunes aplicados en la Edad Media, para que os sirva como ambientación en vuestras partidas o simplemente para que veáis como era aquella edad despótica en la que multitud de personas sufrían en sus carnes un montón de sentencias injustas. Estos castigos son muestra de algunos del código de castigos utilizado durante el siglo XIII.



- Mutilaciones. Castigo aplicado por la realización de delitos menores.

A los blasfemos y perjuros se les cortaba la cabeza o arrancaba la lengua. El sistema empleado generalmente consistía en colocar al condenado, de pie, sobre una silla. Se le clavaba en la lengua un gancho que previamente se había suspendido en una cuerda, se retiraba la silla, el individuo caía al suelo, y la lengua quedaba colgada del gancho.

A los ladrones o a los cazadores furtivos se les aplicaba la mas corriente de las mutilaciones, la amputación de la mano. La versión más grave de este tipo de ejecución era la de pies y manos. Se amputaba el pie izquierdo, por ser el más necesario (con éste se pisaba el estribo), y normalmente la mano derecha.

También se vaciaban los ojos, se amputaban las orejas y en casos muy contados se realizaba la castración. La amputación de la nariz era poco frecuente (se podían evitar dichos castigos si el condenado pagaba la fianza conveniente, de ahí que los mismos se aplicaran a la clase baja).


- Penas Mortales. Castigo aplicado por la realización de delitos mayores.

Herejes, hechiceros y homosexuales eran ahogados y quemados (siendo la quema más propia del sexo femenino).

Los ladrones eran ahorcados o decapitados.

A los judíos (indiferentemente del delito que cometiesen) les era impuesto el castigo de ser colgados por los pies.

Los asesinos eran decapitados, lo mismo que ciertos ladrones y algunos nobles (al ser esta condena “la menos dura” poseía dicho privilegio debido a su rango dignatario).

El tormento de la rueda Los falsificadores de monedas eran hervidos en agua, aceite o vino.

Hacia finales del siglo XIV los que estaban acusados de traición eran descuartizados.

Al que dañaba un haya se le arrancaban las tripas, se le sujetaba con ellas y era obligado a correr dando vueltas alrededor del árbol en cuestión hasta que quedara enroscado en el mismo.

Si uno talaba un roble se encontraría con la cabeza separada del resto del cuerpo e insertada en el mismo.

Incendiarios, ladrones y asesinos importantes, eran ejecutados tras sufrir el tormento de la rueda (imagen a la derecha).

Otros tormentos que causaban la muerte eran:

- El enterramiento en vida: El delincuente era colocado en una fosa que se cubría de tierra. Para alargar el sufrimiento del reo se le colocaba en la boca una caña hueca que comunicaba con el exterior.

- El empalamiento: EmpalamientosHabía varias maneras de llevarlo a cabo. En una de ellas el castigo daba comienzo situando al desafortunado en el suelo con los miembros superiores e inferiores extendidos todo lo posible. Era entonces cuando se le ataba cada pie a un caballo. Al avanzar éstos lentamente en dirección contraria le era introducido en el ano un enorme palo que previamente había sido preparado para el evento, siendo la punta del mismo redondeada y mojada con aceite. Ya colocado eran cortadas las cuerdas que lo unían a los caballos. Para finalizar tan cruento proceder se elevaba el enorme palo del suelo con la víctima insertada en el mismo, comenzando la lenta agonía del condenado.

Otra variante consistía en atravesar al reo con un palo por el corazón, pero en esta ocasión la víctima yacía en una fosa. Con este método el verdugo daba muestras de compasión y de realizar correctamente su trabajo.

Un tercer sistema (por el cual se inclinaba Vlad Tepes) colocaba al futuro ajusticiado boca abajo para, seguidamente, atar sus manos a la espalda y situar sus piernas de forma que quedasen separadas. Entonces se lubricaba la abertura corporal en la que el palo penetraría irremediablemente. El verdugo cogía el palo con sus manos y lo introducía por el ano (según casos) del condenado. El palo, además de ser insertado en el lugar escogido se golpeaba con un mazo y se introducía unos cincuenta o sesenta centímetros. Acto seguido se erguía la estaca y se clavaba en la tierra. El prisionero, con su propio peso, iba clavándose más y más en el palo, y al no poder sujetarse para evitarlo, la estaca le terminaba saliendo por el hombro, el estómago o el pecho. Cuando el instrumento de madera tenía la punta redondeada no perforaba los órganos internos, sino que los desplazaba, aumentando con ello el dolor y el sufrimiento. En esta situación un hombre podía permanecer con vida unos tres días.


- Ordalías.

Para evitar una pena de muerte o un castigo en la época medieval eran frecuentes las ordalías o juicios de Dios. La más conocida era hacer caminar al acusado sobre nueve rejas de arado puestas al rojo vivo, por supuesto con los pies desnudos. Si días después las plantas de sus pies estaban sanas sería absuelto. Otra ordalía habitual era arrojar al presunto culpable a un río con una piedra de grandes dimensiones atada al cuello. Si conseguía salir del agua recibía la absolución al haber manifestado Dios su inocencia.

Otra manera de escapar de la acusación era hacer uso del derecho de asilo por el cual aquel que entrase en lugar sagrado -iglesia, catedral o templo rural- era acogido por el santo patrón y recibía su protección. El refugio se acomodaba en los atrios de los templos gracias a una triple galería de columnas adosada a la fachada occidental. Allí podían acogerse hasta doce fugitivos recibiendo techo y comida, siendo frecuentes entre ellos el adulterio y la embriaguez. Era frecuente que los enemigos, para vengar sus afrentas, esperasen a que el acusado saliese de lugar sagrado para acabar con su vida. El papel protector de la Iglesia se afianzó gracias al privilegio de inmunidad por el cual el rey ofrecía a las tierras eclesiásticas -previa petición de un obispo o abad- la posibilidad de librarse de visitas, inspecciones o imposiciones de los funcionarios locales o de los señores que en zona inmune no podían llevar espada.


- Otros castigos.

El sambenito - El sambenito: Era un tipo de camisa amarilla con una cruz roja de San Andrés. El ofensor necesitaba llevar el hábito todo el tiempo, como una señal para el público de que era un Marrano. Este sanbenito destruyó las probabilidades de encontrar trabajo o un lugar con estabilidad para la familia.

- El cinturón de castidad: El cinturón de castidadSe usaba para garantizar la fidelidad de las esposas durante los períodos de largas ausencia de los maridos, y sobre todo de las mujeres de los cruzados que partían para Tierra Santa. Quizás alguna vez, aunque no como utilización normal, la "fidelidad" era de éste modo "asegurada" durante períodos breves de unas horas o un par de días, nunca por tiempo más dilatado. No podía ser así, porque una mujer trabada de ésta manera perdería en breve la vida a causa de las infecciones ocasionadas por la acumulación tóxica no retirada, las abrasiones y las laceraciones provocadas por el mero contacto con el hierro. Asimismo, hay que tener en cuenta la posibilidad de un embarazo en curso.

En realidad, el uso principal del cinturón era muy diferente: constituía una barrera contra la violación, una barrera frágil pero suficiente en determinadas ocasiones, por ejemplo, en épocas de acuartelamiento de soldados en las ciudades, durante estancias nocturnas en posadas, durante los viajes... Sabemos por muchos testimonios que las mujeres se colocaban el cinturón por iniciativa propia. Esta humillación, este ultraje al cuerpo y al espíritu era impuesto por el terror al macho, por el temor a sufrir a causa de la agresividad humana.


- Las jaulas colgantes: Hasta finales del siglo XVIII, en los paisajes urbanos de Europa no era extraño encontrar abundantes jaulas de hierro y madera adosadas al exterior de los edificios municipales, palacios ducales o de justicia, catedrales, murallas de las ciudades o en altos postes cerca de los cruces de caminos. Las víctimas, desnudas o semidesnudas, eran encerradas en las jaulas y colgadas. Morían de hambre y sed; por el mal tiempo y el frío en invierno; y por el calor y las quemaduras solares en verano. A menudo, anteriormente habían sido torturadas y mutiladas para mayor escarmiento. Normalmente los cadáveres se dejaban en descomposición hasta el desprendimiento de los huesos, aunque a veces se cubrían herméticamente con resina de pino, con el fin de retrasar los efectos de la descomposición, y se rodeaban con correas para impedir el desprendimiento de los miembros. De ésta manera, se utilizaban como escarmiento moral. Evidentemente, las víctimas, una vez muertas, eran pasto de todo tipo de animales.

Jaula prismática Jaula humanoide         La sierra

- La sierra: Debido a la posición invertida del reo, se asegura suficiente oxigenación al cerebro y se impide la pérdida general de sangre, con lo que la víctima no pierde el conocimiento hasta que la sierra alcanza el ombligo, e incluso el pecho. La sierra se aplicaba a menudo a homosexuales (gays y lesbianas), aunque principalmente a hombres.

- El collar: Se trataba de una cadena con una anilla para el cuello en el extremo. La piedra, de doce kilos, se sujetaba con las manos, en cualquier momento y lugar. El condenado debía llevar consigo éstas cargas durante largo tiempo: semanas, meses, años o incluso toda la vida. La víctima sufría un mortal esfuerzo, y la abrasión del cuello y los hombros, con la consiguiente infección y gangrena, que no solían ser mortales en los primeros meses.

El collar


- La cigüeña: Éste es otro de los instrumentos de tortura que a primera vista no da fe de los sufrimientos que es capaz de crear, porque su misión no es únicamente la de inmovilizar a la víctima. A los pocos minutos de su utilización sobre la persona, ésta sufre fuertísimos calambres, primero de los músculos abdominales y rectales, luego de los pectorales, cervicales y de las extremidades. Con el paso de las horas, estos calambres conducen a un continuo e insufrible dolor en abdomen y recto. En tal situación, la víctima solía ser golpeada, pateada, quemada y mutilada a placer.

La cigüeña     El péndulo


- El péndulo: Las muñecas de la víctima se ataban por detrás de la espalda, y en esa ligadura se añadía una cuerda y se izaba. Inmediatamente, los húmeros se desarticulaban junto con la escápula y la clavícula. Tal dislocación producía horribles deformaciones, a menudo permanentes. La agonía se podía estimular mediante pesas agregadas progresivamente a los pies, hasta que al fin el esqueleto se desmembraba. Al final, la víctima, paralizada, moría.


- Las garras de gato: Su tamaño rondaba el de los cuatro dedos de una persona. Se colocaba encima de un mango y se usaba para reducir a tiras la carne de la víctima y extraerla de los huesos en cualquier parte del cuerpo: cara, abdomen, espalda, extremidades, senos...

- Pinzas, tenazas, cizallas: Se utilizaban al "rojo vivo", aunque también frías para lacerar o arrancar cualquier miembro del cuerpo humano, y eran otro elemento básico más entre las herramientas de todo verdugo. Las tenazas se utilizaban preferentemente ardiendo para las narices, dedos de las manos y pies y pezones. Las pinzas alargadas, como el cocodrilo de la fotografía, servían para desgarrar o abrasar el pene. Los genitales masculinos siempre han gozado de una especie de inmunidad. Sin embargo, también se dan raros casos de castración, extirpación del pene e incluso amputación de la tríada completa. Las partes seccionadas a menudo eran quemadas dentro del puño de la víctima. Éstos castigos no se aplicaban por actos de violencia contra la mujer como se podría pensar, sino por intentos de violencia o conspiraciones contra gobernantes o príncipes. La violación extramatrimonial raramente era castigada, y la violación matrimonial siempre ha sido sacrosanta. Las garras de gato Pinzas, tenazas, cizallas


- La doncella de hierro: Hay multitud de instrumentos de tortura con forma de sarcófago antropomorfo con dos puertas y clavos en su interior que penetran en el cuerpo de la víctima cuando éstas se cierran. Los clavos eran desmontables, con lo que se podían cambiar de lugar, con el fin de poseer un amplio abanico de posibles mutilaciones y heridas que daban lugar a una muerte más o menos prolongada, siempre entre grandes sufrimientos.

- La rueda para despedazar: El despedazamiento se llevaba a cabo con barras de hierro macizas y mazas herradas en lugar de ruedas. La víctima, desnuda, era estirada boca arriba en el suelo o en el patíbulo, con los miembros extendidos al máximo y atados a estacas o anillas de hierro. Bajo las muñecas, codos, rodillas y caderas se colocaban trozos de madera.

El verdugo, asestando violentos golpes con la rueda de borde herrado, machacaba hueso tras hueso y articulación tras articulación procurando no asestar golpes fatales. Después se desataba e introducía entre los radios de la gran rueda horizontal al extremo de un poste que después se alzaba. Los cuervos y otros animales arrancaban tiras de carne y vaciaban los ojos de la víctima hasta que a ésta le llegaba la muerte.

La rueda para despedazar La doncella de hierro



- La cuna de Judas: La víctima es izada de la manera observada en la ilustración, y una vez levantada, soltada sobre la punta de la pirámide de tal manera que su peso se posa sobre el ano, la vagina, bajo el escroto o bajo el cóxis. Según las indicaciones de los interrogadores, el verdugo varía la presión desde nada hasta todo el peso del cuerpo. También se puede sacudir a la víctima o hacerla caer repetidas veces sobre la punta.

La cuna de Judas     El aplasta cabezas

- El aplasta cabezas: La barbilla de la víctima se colocaba en la barra inferior, y el casquete era empujado hacia abajo por el tornillo. Los efectos de este proceso son evidentes. Primero, se destrozan los alvéolos dentarios, después las mandíbulas, y luego el cerebro se escurre por la cavidad de los ojos y entre los fragmentos del cráneo.


- El potro: El estiramiento era de hasta 30 centímetros, longitud inconcebible que procede de la dislocación y distorsión de cada articulación de brazos y piernas, del desmembramiento de la columna vertebral y, por supuesto, del desgarro de los músculos de extremidades, tórax y abdomen, efectos éstos por descontado letales. Ésta tortura constaba normalmente de tres grados. En el primero, la víctima sufría la dislocación de los hombros a causa del estiramiento de los brazos hacia atrás y hacia arriba, así como un intenso dolor de los muslos al desgarrarse como cualquier fibra sometida a una tensión excesiva. En el segundo grado, las rodillas, la cadera y los codos comienzan a descoyuntarse; en el tercero se separan ruidosamente. Ya en el segundo grado el interrogado queda inválido de por vida, después del tercero queda paralizado y va desmembrándose poco a poco. Las funciones vitales van cesando según pasan las horas y los días.

El potro     Pera cerrada Pera abierta

- La pera oral, rectal y vaginal: Se embutían en la boca, recto o vagina de la víctima, y allí se desplegaban por medio de un tornillo hasta su máxima apertura. El interior de la cavidad quedaba dañado irremediablemente. Las puntas que sobresalen del extremo de cada segmento servían para desgarrar mejor el fondo de la garganta, del recto o de la cerviz del útero. La pera oral normalmente se aplicaba a los predicadores heréticos, pero también a seglares reos de tendencia anti ortodoxas. La pera vaginal, en cambio, estaba destinada a las mujeres culpables de tener relaciones con Satanás o con uno de sus familiares, y la rectal a los homosexuales pasivos.

- Látigos: Hay gran variedad de látigos. Entre ellos, los hay de dos, tres y hasta ocho cadenas provistas de abundantes estrellas y/u hojas de acero cortante que se usaban y se usan para flagelar el cuerpo humano. Para desollar se utilizaban látigos de muy diferentes tamaños; gigantes como "el gato de nueve colas", que podía lisiar un brazo y un hombro de un sólo golpe, o finos y pérfidos, como el "nervio de toro", que con dos o tres golpes podía cortar la carne de las nalgas hasta llegar a la pelvis. El látigo de desollar se empapaba en una solución de sal y azufre disueltos en agua antes de utilizarlo, lo que unido a sus estrellas lo convertían en una herramienta destructiva y muy útil para el torturado. La carne, al ser golpeada, se convertía en pulpa, dejando a la vista diferentes órganos internos.

El látigo     El desgarrador de senos

- El desgarrador de senos: Desgarraban hasta convertir en masas informes los senos de millares de mujeres condenadas por herejía, blasfemia, adulterio y muchos otros "actos libidinosos"; aborto provocado, magia blanca erótica y otros delitos. En varios lugares y en épocas distintas, se aplicaba un "mordisco" con las puntas al rojo vivo en un seno de las madres solteras, a menudo mientras sus hijas se retorcían en el suelo salpicadas por la sangre de sus madres.


 

Aportado por   ^ZoE^
Miembro de la  Vitaeoscura