Cuando escribí sobre la muerte de Sawyer, las visitas se duplicaron. Como eso no se podía mantener sin ni siquiera escribir, al mirar hoy las estadísticas del blog, he visto que el llamado “porcentaje de cambios” es negativo por primera vez. Me lo voy a tomar como un toque de atención para escribir más de dos entradas a la semana.
En realidad, tengo mucho que contar, pero precisamente por hacer tantas cosas, me falta tiempo. Lo peor es que, cuando me siento frente a la pantalla, se me han olvidado la mayor parte de las cosas que me parecían de mayor interés y, precisamente, uno de los motivos de la existencia del blog es no olvidar esas vivencias, reflexiones, etc.
El acontecimiento principal de este fin de semana ha sido el cumpleaños de una amiga. El viernes lo celebramos yendo a Cargo. La entrada era gratuita, pero tuvimos que hacer tres cuartos de hora de cola. Si lo hubiera sabido, quizás no habría ido, porque estaba destrozada por el cansancio acumulado de toda la semana, y porque no me cunde ir a sitios en los que hay que hacer cola.
Pero entonces me habría perdido un local que es muy recomendable, sobre todo para quien le guste la música electrónica y los buenos DJs. En Cargo, los DJs tienen tanto protagonismo que están subidos en el escenario y todo el mundo está de cara a ellos. Y la verdad es que era increíble tanto verlos a ellos como escuchar el resultado de su trabajo y la gente se mostraba entusiasmada, como en un concierto de tu grupo favorito.
[Inciso: la última vez que recuerdo haber estado en un sitio en el que pusieran música de ese estilo, todavía se podía fumar en el interior de los locales. Cuánto he agradecido que ya no se pueda hacer. Así dan más ganas de salir los fines de semana.]
El resto del local está compuesto por la barra, dos zonas de sofás y una amplísima terraza, con futbolín y todo. Es llamativo ver detrás de la barra los precios de la comida y es que, durante el día, Cargo es un restaurante (según he visto en su web). Lo que no sé es si por la noche también se puede pedir uno algo de la cocina (que sí parecía abierta, aunque no recuerdo haber visto a nadie con un aperitivo en la mano).
Cierran a las tres de la mañana, pero yo me fui bastante antes para descansar porque al día siguiente y, para seguir con las celebraciones del cumpleaños, nos íbamos de picnic a Hampstead Heath. Tortillas de patatas, croquetas caseras, y hasta chorizo. Todo bastante español para estar con una sueca, un italo-japonés y un danés. Hicimos el perroflauta con dos diábolos y nos prometimos traer un mantel la próxima vez para un picnic de categoría profesional.
Lo más destacable del lugar en sí es que ahí se encuentra uno de los puntos más altos de Londres y que las vistas de la ciudad son muy bonitas. Además, la gente aprovecha la ventisca de la cima para echar a volar cometas, lo que hace el paseo más agradable.
La sueca nos señaló a compatriotas suyas con coronas de flores celebrando una fiesta típica sueca que me recordó a la Festa dos Maios de Galicia, snif. La explicación que aparece al lado del vídeo está bastante bien, aunque no es exhaustiva. Lo que más me ha inclinado a enlazar ahí ha sido la canción, que es una de mis favoritas de Fuxan Os Ventos, un grupo que siempre se ha preocupado mucho de conservar la cultura gallega y al que pertenecían dos de mis profesores de EGB.
Por cierto, que la cumpleañera nos propuso hacer queimada por San Juan este martes (y porque con una hoguera los vecinos llamarían a la policía, que si no, también). Lo primero que pensé es en dónde se podría conseguir aguardiente en Londres. Pero creo que al final no va a poder ser, así que no me voy a tener que repasar el conxuro.
La BBC había predicho que llovería. Por suerte, sólo llovió durante los diez minutos que tardamos en trasladarnos desde el parque hasta la parte civilizada del barrio, cuando ya estábamos buscando un lugar para tomar algo antes de cenar.
Fuimos a parar a The Garden Gate*, donde estuvimos jugando al Pictionary, un juego que no es de mi estilo, pero que puede ser muy divertido con la gente adecuada. Y esta vez lo era. Me lo pasé fenomenal, aunque los versus me estresan y a mí me tocaron un montón.
Nuestra incursión debió de coincidir con las fiestas de la zona, porque había mercadillos de lo más variado, un escenario con música en vivo, actividades para niños… Yo aproveché y me compré vestido hippiesco y un pañuelo de danza del vientre igual al que había estado buscando en España sin éxito.
*Al final tendré que copiar a Jorge y hacer un mapa de Londres con los sitios por los que he salido.
Ya por la noche, fuimos a dar una vuelta por Camden. Por segundo día consecutivo, cenamos con un descuento del 50% gracias a una tarjeta de Taste London que alguien tenía por ahí. Después, entre gente que llegaba y gente se tenía que ir en breve, en vez de entrar en ninguna parte, nos sentamos un rato al lado del canal y se estaba pero que muy a gusto.
La cumpleañera quería aprender a tocar la guitarra, la sueca hace un tiempo tocaba la batería y yo el bajo (sort of). Así que nos sacamos unas fotos con la italiana haciendo de cantante, de un grupo que no existe, pero que tiene hasta nombre y que molaría crear (aunque la italiana se vuelve a Italia dentro de unas semanas).
Tengo que destacar que, cerca del canal, había un local por delante del cual pasamos varias veces: Hobgoblin (anda que no mola el nombre ni nada). Estaba lleno de heavies y gente con pinta oscurilla indefinida. El sitio me sonaba y no sabía de qué, y acabo de encontrar en Internet que es el antiguo Devonshire Arms, un local siniestro. Cada vez hay menos.
Al día siguiente podía elegir entre ir a la fiesta de inauguración del piso de un alemán en Turnpike Lane o una fiesta cubana en conmemoración de los 50 años de Revolución cubana, en Victoria Park. Mi elección fue: ninguna de ésas. Tenía mucho que escribir. Sin embargo, en Londres siempre hay algo que hacer, y ese algo me llevó hacia el West End y me hizo ahorrarme 45 libras.
Casualmente, tenía el horario de un cine de las inmediaciones y una película que me habían recomendado iba a empezar a los quince minutos, pero justo habían quitado del cartel “La habitación de Fermat”. Bueno, tampoco pretendía cuadrar todo sin haberlo planificado siquiera. Así que decidí que era buena idea escuchar lo que una especie de predicador tenía que contar en medio de Leicester Square.
En su alegato nos preguntaba de forma retórica hasta dónde llega el perdón de Dios, poniéndonos el ejemplo de un juez que levanta el castigo a un reo “sólo” porque éste está sinceramente arrepentido. ¿Qué clase de juez sería ése que deja sin castigo al culpable?, nos decía. Y nos recordaba que Dios, aparte de ser compasivo, también es justo.
Personalmente, he pensado a menudo sobre esa dualidad que parece incompatible y esperaba un poco de iluminación por parte de este espontáneo, pero no profundizaba lo suficiente en las ideas que exponía. Cogí uno de los panfletos que repartía su secuaz y descubrí que pertenecían a la Iglesia Bautista de Poplar.
Entonces, claro, me quedé un poco extrañada de que también estuviera hablando de algo que podría interpretarse como una reencarnación: “si fuéramos al Cielo, el Cielo estaría corrompido, como lo está la Tierra. No hay un Cielo para nosotros. Jesucristo dijo que volveríamos a nacer de nuevo”. Pero me apetecía caminar y me alejé de allí.
Pasé por delante de una tienda de entradas de musicales y decidí cuál quiero ver: “Thriller”. Qué mejor que saber que aparte de canciones que me gustan, también voy a disfrutar de coreografías que me encantan. Pero qué casualidad que es el más caro de todos y con diferencia, ¿eh? Tendré que buscar alguna ganga por ahí.
Estoy muy contenta de estar aquí. Tengo la impresión de que aquí realmente hay más oportunidades que en España (veremos si lo materializo en algo) y estoy muy animada. Además, en este preciso instante, estoy escuchando “Slide” de Goo Goo Dolls, que es una de las canciones que llevaba en bucle el agosto pasado por Londres y me trae tantos recuerdos…
Muchas cosas han cambiado. Ahora estoy viviendo aquí y, a menudo, pienso que puedo conseguir cualquier cosa que me proponga.
Escuchando: las canciones de G-Block.