Horoscope

Miércoles, 10:49, 01/07/09
Archivado en la categoría: Personal

Aunque no estamos en mayo, aparecía en negrita en el London Lite de ayer:

Como signo de Tierra, tienes un gran instinto sobre lo que es práctico y  lo que no lo es. A pesar de ello, los cambios por los que está atravesando tu vida son tan grandes que no puedes evaluarlos como lo harías normalmente. Esto significa que no te queda otra elección que darle una oportunidad a todo.

Como de costumbre en los horóscopos, las pinceladas son tan generales que casi cualquiera puede sentirse identificado con el texto de cualquier signo, sea suyo o no. Pero en este caso, teniendo en cuenta los factores: casa, trabajo y salud, me doy bastante por aludida.

Ayer encontré la que por fin va a ser mi casa, al menos este verano. Está bastante alejada del centro de Londres y hay que coger el National Rail para llegar hasta ella. Ayer, cuando volvía de visitarla, recordé lo mucho que me gusta ir en tren por la superficie, como cuando cogía el cercanías en Madrid. Ahora sí que me encamino a ser la escritora ermitaña que algunos de mis amigos bromeaban que sería.

Las paredes son rojas y los muebles negros. Las ventanas son grandes y dan a un bosque verde (en vez de a buhardillas con gatos repantigados en sus tejados). No en vano, el nombre de mi estación de tren más cercana es Calle del Bosque. Por todo esto que he mencionado, me he decidido a vivir ahí al menos una temporada: hay sitios en los que entras y te vienen un montón de ideas a la cabeza para escribir, y éste es uno de ellos.

También estos días he estado pensando qué voy a hacer hasta septiembre/octubre cuando termine esta sustitución, allá por la tercera semana de julio. Si me voy a dedicar sólo a escribir para concretar de una vez, que sé que más de una persona lo está esperando, o si voy a trabajar en alguna otra parte, a tiempo parcial o no y en qué sector. Por lo pronto, tengo ya una referencia inglesa, que hay que ver lo que les gustan aquí esas cosas.

En realidad, el trabajo y la formación ya no me preocupan tanto como hace unos días. Ahora que sé cuál va a ser mi nueva “base de operaciones”, conseguiré que todo fluya hacia los cauces adecuados. Estoy contenta, tranquila y muy animada de nuevo.

Lo más divertido de todo es que hay rumores de que mi supuesto resfriado, ése que cogí el viernes pasado después el chaparrón en el patio del colegio, sea en realidad swine flu (ésa soy yo, siempre inglesizándome a lo grande). El primer caso en el distrito se hizo público hace cinco días. Desde entonces hasta ahora, me he enterado de que los hijos de los vecinos la tienen, además de diez niños en el colegio de mi empleadora, que es profesora.

Pero no veo a la gente nada alarmada. Se limitan a tomar las medidas que recomienda aquí el NHS (la autoridad sanitaria aquí) en caso de sospecha de contagio, que es no salir de casa (sí, cuarentena obligada, como en las películas de ciencia-ficción) y pedir consejo médico por teléfono. Me sorprende lo voluntariosos que se muestran. Cómo se nota lo mucho que difieren estos síntomas (y las consecuencias) de los del ébola.

En caso de que alguien se preocupe, no pasa nada, ya se encarga el colegio de mandar papelitos a casa de los padres para avisar tajantemente de que “no hay gripe A en el colegio” y que si hay niños que han dejado de asistir es por mera precaución, no porque realmente estén infectados.

Y ahora a ver cuándo encuentro un momento para escribir sobre “Transformers 2″ y “Blood: The Last Vampire”. Pronto, espero.

Escuchando: Circle Of Fear - HIM.

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Como el clima inglés

Viernes, 16:08, 26/06/09
Archivado en la categoría: Eventos, Personal

Han cancelado la actuación que iba a tener lugar hoy en el colegio. La niña mayor iba a cantar porque una de sus profesoras se va. Una de las canciones elegida era la única que realmente me gusta de “Sonrisas y lágrimas”. ¿A quién se le ocurre celebrar nada previamente planificado al aire libre en Inglaterra, por muy en verano que estemos?

El caso es que llevábamos dos días de sol horrible. Hoy el día era más del estilo de los que me gustan a mí, templadito. Claro que los días que me gustan a mí incluyen lloviznas recurrentes y tormentas ocasionales. Sin embargo, la BBC había anunciado para hoy “sunny intervals”. Lástima que se les olvidara mencionar que entre intervalo e intervalo caerían trombas de agua, en vez de estar simplemente nuboso.

Estábamos todos sentados con nuestros folletos de donación para una causa benéfica en la mano mientras el “maestro de ceremonias” nos explicaba que, por cada uno que entregáramos cumplimentado, cierta agencia donaría cinco libras a una buena causa. Aquí todo parece asociado a causas benéficas. Sólo esta semana hemos tenido el Big Toddle Day, el Heroes Day y este intento de despedida de una de las profesoras.

Había conseguido un sitio en la primera fila. Supuse que a la niña le haría ilusión, ya que su madre no podía ir a verla toda la representación de su familia era yo (ni siquiera está entre mis tareas ir a estas cosas). Estaba entre dos sillas libres, cosa que agradecí cuando, a dos minutos de que salieran los niños, empezó a llover y los paraguas aparecieron como setas.

La mujer de la  izquierda no paraba de protestar y amenazar con irse, increpando por lo bajini al conductor del evento, quien nos animaba a cruzar los dedos y esperar a que escampara. Una estúpida se sentó en la silla libre de mi lado con el paraguas inclinado hacia mí y se atrevió a decirme que lo sentía pero que, total, me iba a mojar de todas formas.

Entre la protestona de las garras de cernícalo y la maleducada del paraguas no se estaba tan mal. Pero cuando el agua empezó a calarme la ropa decidí que era hora de guaracerme en la oficina, aun a costa de perder mi preciado asiento de la vista privilegiada de escenario (estar una sola fila más atrás implicaría apenas ver el coro). En cuanto me puse a cubierto, el agua comenzó a caer con furia, instándonos a perder las esperanzas por completo y cancelar el evento de una vez.

No bien se anunció la cancelación y la gente se dispersó, que el temporal amainó. Hay que tener mala leche. No sé cuándo nos emplazarán de nuevo, o si habrán cancelado la función definitivamente, en vista de que tenemos al dios Enlil en contra.

Me tocó volver a casa caminando descalza la mitad del camino, como una perfecta inglesa (aquí es algo normal), y durante el trayecto estuve meditando. Uno de los motivos que me trajeron a Londres es el de estabilizar mi vida. La parte del estrés la tengo casi bajo perfecto control. Y estoy muy inspirada para escribir, además de encontrar tiempo para hacerlo (y eso que no paro). Lo que todavía falla es otra cosa.

Llevo treinta días en esta casa y el miércoles cumplí (parece una condena, sí) la mitad de mi tiempo de trabajo aquí. En dos meses, he pasado del Bosquecillo Verde al Sur del Vado Verde, en el Puente Rojo. Me decepciona que haya surgido un problema que me haya impedido trasladarme al Arbusto del Pastor. Puede ser que encuentre otra hura por allí, que la zona me encanta. Aunque, ya que estoy en esta tesitura, buscaré también en la del Arco de Mármol.

De momento, mi vida está como el clima inglés, impredecible. Pero sé que es normal al principio y, además, lo llevo bastante bien. Aunque tengo tantas ganas de poder decir “aquí me quedo”…

Escuchando: No reality - Mandalay.

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Michael Jackson ha muerto

Viernes, 03:08, 26/06/09
Archivado en la categoría: Eventos, Opinión

No he escrito el título pretendiendo dar una primicia ni nada por el estilo. Más que nada, lo he escrito así para asimilarlo yo misma, porque me pasa como a New Yorker, que estoy conmocionada por la noticia. He recorrido muchas webs y todavía no me lo creo.

[Ha muerto de una parada cardiorrespiratoria a las diez y veintiséis, hora londinense. Y yo en ese momento, hace menos de cuatro horas, estaba tan tranquila, hablando con un amigo mientras hacía la cena. Es curioso. El mundo no necesita a nadie, siempre sabe seguir adelante.]

Y es que yo admiraba mucho artísticamente a Michael Jackson. Muchísimo.

Desde su etapa en los Jackson 5, en la que se reveló como un portento cantando, hasta las canciones que posteriormente compondría y que destilaban un gran bagaje musical. No digo que no recibiera ayuda de productores musicales pero, al menos en España, cuando un cantante famosete se jacta de componer,  el motivo de su orgullo suele ser una basura, con o sin la colaboración de expertos.

Su música en solitario me encanta. Me refiero a las canciones bailables, no a las canciones rollo (que realmente eran la mayoría). Morralla prescindible que fue mezclada con joyas como “Smooth Criminal”, “Billie Jean”, “In The Closet”, “Dangerous”, “Beat It”, “Bad”, “Dirty Diana”, “Jam” o “Thriller”. Sí, yo soy de las que dice no a pasteladas tan aplaudidas como “Man In The Mirror” y “We Are The World”. La vida es cruel y dura.

Desarrolló su propio estilo de baile (¡y vestuario!) tantas veces imitado que, personalmente, me fascina y que es una de las cosas que hacen grande a la década de los 80. Dominaba su cuerpo completamente, cosa que puede parecer trivial, pero que la mayoría de los bailarines profesionales no es capaz de hacer. Fue pionero demostrando que el baile moderno no es de nenas ni de chulos de discoteca (con todos los respetos a John Travolta).

De hecho, me gusta tanto, que hace unos nueve años formé parte de un grupo de baile semiprofesional (nota: había al menos cuatro informáticos, para que luego digan) en el que reproducíamos sus coreografías. El director del grupo había ganado varios premios a nivel nacional como bailarín imitador de Michael Jackson. Me pregunto dónde andarán él y los demás… Lo que sí que tendrán es un gran disgusto en el cuerpo, porque ellos sí que eran fans totales.

Dije hace poco que finalmente había decidido ir al musical de “Thriller”, pese a que resultaba ser el más caro de todos lo que había visto en las tiendas especializadas, para poder disfrutar no sólo de la música, sino también de esas coreografías con el sello de Michael Jackson. Imagino que ahora se dispararán las ventas, espero que no el precio.

Por otro lado, no había intentado conseguir entrada para ninguno de los cincuenta conciertos previstos en Londres, porque no tenía esperanza de poder verlo bailar en directo realmente. Yo no quería verlo en pantallas gigantes, para eso prefiero estar en el salón de casa y difrutar viéndolo sentada. No soy de las que necesita su presencia en carne y hueso, aunque sea allí a lo lejos. Habría estado bien verlo bailar de cerca alguna vez, pero ahora sí que ya no puede ser.

Me gustaría aprovechar para decir desde mi pequeño púlpito que no creo que Michael Jackson haya sido un pederasta*. Yo sí creo en su versión de que dormía con niños. Sólo dormía. No tuvo infancia y, en realidad, seguía siendo un niño en gran parte. Entre otras carencias, nunca vivió eso de “me voy a casa de mi amigo a dormir”. Así le ha ido en la vida, que parecía un menor de edad y se dejó desplumar por sus allegados.

*¿Por qué los padres volvían a llevar a los niños que en teoría ya habían sufrido abusos a Neverland? ¿Para qué tentar a la suerte? ¿O es que, quizás, todo era mentira? Y si era cierto, ¿qué clase de padres son ésos? ¿Lo hacían para subir la suma de la indemnización?

En cualquier caso, sea lo anterior cierto o falso, no dudo de que las próximas generaciones conocerán al artista.

Escuchando: Thriller - Michael Jackson.

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98288

Miércoles, 15:59, 24/06/09
Archivado en la categoría: General

El jueves pasado, de camino a London Bridge, cogí el “Woodford Recorder” para ir leyéndolo en el metro. Me encontré con un artículo que ha hecho que guardara el periódico hasta el día en que pudiera escribir sobre ello.

Resulta que en mi barrio, Redbridge, se ha estado haciendo una colecta para erigir un memorial en homenaje a un superviviente del Holocausto en el Holocaust Memorial Garden de Ilford, un distrito vecino, y se acaba de llegar a la cifra necesaria para poder empezar la obra.

Yo me preguntaba qué pintaba levantar aquí un monumento sobre esto y por qué ahora. Pero cuando leí la historia me convencí de que era una buena idea:

“Leon Greenman nació en Whitechapel [Londres] en 1910 pero, tras la muerte de su madre cuando todavía era un niño, se trasladó a Holanda para vivir con sus abuelos holandeses.

Fundó su hogar en Rotterdam con su mujer Esther —a quien él llamaba Else— y la pareja tuvo un niño, Barney.

Leon trabajaba como anticuario de libros, viajando a menudo a y desde Londres. Con la Segunda Guerra Mundial declarada y una inminente invasión nazi a Holanda, Leon se negó a trasladarse de vuelta a Gran Bretaña creyendo que su pasaporte británico lo salvaría de la persecución [haciendo caso a lo que Neville Chamberlain había prometido].

Pero cuando confió su pasaporte y ahorros a un amigo, se perdieron [en realidad, su amigo los quemó por miedo a que descubrieran que estaba ayudando a judíos] y Leon y su familia fueron rodeados por los hombres de Hitler y llevados a Birkenau. Desgraciadamente, Else y Barney fueron asesinados en las cámaras de gas muy pronto tras su llegada.

Leon fue enviado a Auschwitz, donde trabajó duro en condiciones atroces, y fue testigo de una interminable ristra de asesinatos a manos de los nazis. Mientras estaba allí, Leon hizo a Dios la promesa de que, si sobrevivía, dedicaría su vida a contar su historia.

Contra todo pronóstico, Leon superó los horrores de los campos de concentración y en 1945 regresó a Reino Unido. Finalmente, estableció su hogar en Ingleby Road, Ilford. Haciendo honor a su palabra, Leon pasó su vida visitando colegios, contando su vida y haciendo campaña por el final del extremismo y el odio.

Esta postura no lo mantuvo fuera de peligro y la casa de Leon se convirtió en una fortaleza —con barras en ventanas y puertas— debido a los repetidos ataques por parte de matones de extrema derecha. Siguió siendo un incansable defensor de su causa prácticamente hasta el día de su muerte [a los 97 años]. Nunca volvió a casarse”.

Leon falleció aquí en marzo del año pasado y, gracias a su obra, es conocido por casi todos los niños de la mi zona.

Cuando inauguren el memorial (en el parque que está enfrente de la casa del propio Leon), yo ya no estaré en Redbridge pero, aun así, me gustaría ir a visitarlo.

Escuhando: First Breath After Coma - Explosions In The Sky.

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Finde de cumpleaños

Domingo, 23:29, 21/06/09
Archivado en la categoría: Eventos, Personal

Cuando escribí sobre la muerte de Sawyer, las visitas se duplicaron. Como eso no se podía mantener sin ni siquiera escribir, al mirar hoy las estadísticas del blog, he visto que el llamado “porcentaje de cambios” es negativo por primera vez. Me lo voy a tomar como un toque de atención para escribir más de dos entradas a la semana.

En realidad, tengo mucho que contar, pero precisamente por hacer tantas cosas, me falta tiempo. Lo peor es que, cuando me siento frente a la pantalla, se me han olvidado la mayor parte de las cosas que me parecían de mayor interés y, precisamente, uno de los motivos de la existencia del blog es no olvidar esas vivencias, reflexiones, etc.

El acontecimiento principal de este fin de semana ha sido el cumpleaños de una amiga. El viernes lo celebramos yendo a Cargo. La entrada era gratuita, pero tuvimos que hacer tres cuartos de hora de cola. Si lo hubiera sabido, quizás no habría ido, porque estaba destrozada por el cansancio acumulado de toda la semana, y porque no me cunde ir a sitios en los que hay que hacer cola.

Pero entonces me habría perdido un local que es muy recomendable, sobre todo para quien le guste la música electrónica y los buenos DJs. En Cargo, los DJs tienen tanto protagonismo que están subidos en el escenario y todo el mundo está de cara a ellos. Y la verdad es que era increíble tanto verlos a ellos como escuchar el resultado de su trabajo y la gente se mostraba entusiasmada, como en un concierto de tu grupo favorito.

[Inciso: la última vez que recuerdo haber estado en un sitio en el que pusieran música de ese estilo, todavía se podía fumar en el interior de los locales. Cuánto he agradecido que ya no se pueda hacer. Así dan más ganas de salir los fines de semana.]

El resto del local está compuesto por la barra, dos zonas de sofás y una amplísima terraza, con futbolín y todo. Es llamativo ver detrás de la barra los precios de la comida y es que, durante el día, Cargo es un restaurante (según he visto en su web). Lo que no sé es si por la noche también se puede pedir uno algo de la cocina (que sí parecía abierta, aunque no recuerdo haber visto a nadie con un aperitivo en la mano).

Cierran a las tres de la mañana, pero yo me fui bastante antes para descansar porque al día siguiente y, para seguir con las celebraciones del cumpleaños, nos íbamos de picnic a Hampstead Heath. Tortillas de patatas, croquetas caseras, y hasta chorizo. Todo bastante español para estar con una sueca, un italo-japonés y un danés. Hicimos el perroflauta con dos diábolos y nos prometimos traer un mantel la próxima vez para un picnic de categoría profesional.

Lo más destacable del lugar en sí es que ahí se encuentra uno de los puntos más altos de Londres y que las vistas de la ciudad son muy bonitas. Además, la gente aprovecha la ventisca de la cima para echar a volar cometas, lo que hace el paseo más agradable.

La sueca nos señaló a compatriotas suyas con coronas de flores celebrando una fiesta típica sueca que me recordó a la Festa dos Maios de Galicia, snif. La explicación que aparece al lado del vídeo está bastante bien, aunque no es exhaustiva. Lo que más me ha inclinado a enlazar ahí ha sido la canción, que es una de mis favoritas de Fuxan Os Ventos, un grupo que siempre se ha preocupado mucho de conservar la cultura gallega y al que pertenecían dos de mis profesores de EGB.

Por cierto, que la cumpleañera nos propuso hacer queimada por San Juan este martes (y porque con una hoguera los vecinos llamarían a la policía, que si no, también). Lo primero que pensé es en dónde se podría conseguir aguardiente en Londres. Pero creo que al final no va a poder ser, así que no me voy a tener que repasar el conxuro.

La BBC había predicho que llovería. Por suerte, sólo llovió durante los diez minutos que tardamos en trasladarnos desde el parque hasta la parte civilizada del barrio, cuando ya estábamos buscando un lugar para tomar algo antes de cenar.

Fuimos a parar a The Garden Gate*, donde estuvimos jugando al Pictionary, un juego que no es de mi estilo, pero que puede ser muy divertido con la gente adecuada. Y esta vez lo era. Me lo pasé fenomenal, aunque los versus me estresan y a mí me tocaron un montón.

Nuestra incursión debió de coincidir con las fiestas de la zona, porque había mercadillos de lo más variado, un escenario con música en vivo, actividades para niños… Yo aproveché y me compré vestido hippiesco y un pañuelo de danza del vientre igual al que había estado buscando en España sin éxito.

*Al final tendré que copiar a Jorge y hacer un mapa de Londres con los sitios por los que he salido.

Ya por la noche, fuimos a dar una vuelta por Camden. Por segundo día consecutivo, cenamos con un descuento del 50% gracias a una tarjeta de Taste London que alguien tenía por ahí. Después, entre gente que llegaba y gente se tenía que ir en breve, en vez de entrar en ninguna parte, nos sentamos un rato al lado del canal y se estaba pero que muy a gusto.

La cumpleañera quería aprender a tocar la guitarra, la sueca hace un tiempo tocaba la batería y yo el bajo (sort of). Así que nos sacamos unas fotos con la italiana haciendo de cantante, de un grupo que no existe, pero que tiene hasta nombre y que molaría crear (aunque la italiana se vuelve a Italia dentro de unas semanas).

Tengo que destacar que, cerca del canal, había un local por delante del cual pasamos varias veces: Hobgoblin (anda que no mola el nombre ni nada). Estaba lleno de heavies y gente con pinta oscurilla indefinida. El sitio me sonaba y no sabía de qué, y acabo de encontrar en Internet que es el antiguo Devonshire Arms, un local siniestro. Cada vez hay menos.

Al día siguiente podía elegir entre ir a la fiesta de inauguración del piso de un alemán en Turnpike Lane o una fiesta cubana en conmemoración de los 50 años de Revolución cubana, en Victoria Park. Mi elección fue: ninguna de ésas. Tenía mucho que escribir. Sin embargo, en Londres siempre hay algo que hacer, y ese algo me llevó hacia el West End y me hizo ahorrarme 45 libras.

Casualmente, tenía el horario de un cine de las inmediaciones y una película que me habían recomendado iba a empezar a los quince minutos, pero justo habían quitado del cartel “La habitación de Fermat”. Bueno, tampoco pretendía cuadrar todo sin haberlo planificado siquiera. Así que decidí que era buena idea escuchar lo que una especie de predicador tenía que contar en medio de Leicester Square.

En su alegato nos preguntaba de forma retórica hasta dónde llega el perdón de Dios, poniéndonos el ejemplo de un juez que levanta el castigo a un reo “sólo” porque éste está sinceramente arrepentido. ¿Qué clase de juez sería ése que deja sin castigo al culpable?, nos decía. Y nos recordaba que Dios, aparte de ser compasivo, también es justo.

Personalmente, he pensado a menudo sobre esa dualidad que parece incompatible y esperaba un poco de iluminación por parte de este espontáneo, pero no profundizaba lo suficiente en las ideas que exponía. Cogí uno de los panfletos que repartía su secuaz y descubrí que pertenecían a la Iglesia Bautista de Poplar.

Entonces, claro, me quedé un poco extrañada de que también estuviera hablando de algo que podría interpretarse como una reencarnación: “si fuéramos al Cielo, el Cielo estaría corrompido, como lo está la Tierra. No hay un Cielo para nosotros. Jesucristo dijo que volveríamos a nacer de nuevo”. Pero me apetecía caminar y me alejé de allí.

Pasé por delante de una tienda de entradas de musicales y decidí cuál quiero ver: “Thriller”. Qué mejor que saber que aparte de canciones que me gustan, también voy a disfrutar de coreografías que me encantan. Pero qué casualidad que es el más caro de todos y con diferencia, ¿eh? Tendré que buscar alguna ganga por ahí.

Estoy muy contenta de estar aquí. Tengo la impresión de que aquí realmente hay más oportunidades que en España (veremos si lo materializo en algo) y estoy muy animada. Además, en este preciso instante, estoy escuchando “Slide” de Goo Goo Dolls, que es una de las canciones que llevaba en bucle el agosto pasado por Londres y me trae tantos recuerdos…

Muchas cosas han cambiado. Ahora estoy viviendo aquí y, a menudo, pienso que puedo conseguir cualquier cosa que me proponga.

Escuchando: las canciones de G-Block.

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