Inner frag[ment]s

Lunes, 21:19, 08/02/10
Archivado en la categoría: Frikismo, Personal

Still falling 
Breathless and on again

El viento está sonando ahora mismo exactamente igual que en San Román. No es algo que pueda decir de ninguna otra ciudad en la que haya estado. Hay otros sonidos que también asocio en exclusiva a mi vida en San Román. Por ejemplo, la canción “I put a spell on you” de los Creedence. Durante mucho tiempo, la llamé “la canción de los antropófagos”. Hoy no voy a explicar por qué.

Inside today 
Inside me today

He visto grandes copos de nieve  caer a través de la ventana de la cocina hace pocas horas. Tan lentos que parecía que el mundo no es esa enorme vorágine en la que vivo yo. Entonces, he sentido cómo el suelo cedía bajo mis pies y yo comenzaba a flotar, y mi pelo se movía con suaves ondulaciones, como cuando estoy bajo el agua. Esa paz envolvente duró varias horas en mi mundo paralelo y sólo unos segundos en el mundo real.

Around broken in two 
Til your eyes share into dust

Probablemente, el SMS más largo que he recibido en toda mi vida:

“Hi, I’m the singer you met with Giovanni about 2-3 months ago. [...] I have held onto your number and wanted to ask if you would be interested in playing bass along to my music in a few months when I perform to audiences. I connected strongly with your music taste and really liked what you had to say. I have a feeling you will like my music and I would really like for you to be a part of what I am doing. I found you very interesting as a thinker and loved your image. You belong on stage and would look great up there [...].”

Y es para decirme “you belong on stage”. Esto agradará a los fans de la corriente Toreador.

Like two strangers turning into dust 
Til my hand shook with the weight of fear

He respondido hoy (demasiado tiempo después y es posible que demasiado parca también):

“First of all, sorry for not having answered you sooner. My life has become a mess lately. Thank you for turning to me. I felt this musical connection too, but you need a far more experienced bassist IMHO. I wish you the best of luck.”

I could possibly be fading 
Or have something more to gain

Esta noche he soñado algo que  no me costaría transformar en parte de una novela de ciencia-ficción. Debería volver a escribir como antes. Antes me desahogaba escribiendo lo que escribía, pero con la novela no me he desahogado nada. Y esto tampoco lo voy a explicar hoy, que no quiero estropearos a todos el argumento. Ahora estoy ocupada con una serie de relatos, y estoy más a gusto con ellos. Pero.

I could feel myself growing colder 
I could feel myself under your fate 
Under your fate

Tengo en la memoria dos sucesos distintos con los mismos protagonistas: un autobús articulado perdiéndose tras una curva y un encuentro fortuito en los pasillos de algún lugar. ¿Se pueden almacenar en la retina imágenes de eventos que todavía no han sucedido?

It was you, breathless and torn 
I could feel my eyes turning into dust

Esta tarde, me he dado cuenta de que tengo una herida en la cara. Acabo de volver del espejo de observarla para poder describirla: es una magulladura de unos tres centímetros de longitud y perpendicular a la mandíbula inferior. No recuerdo haber tenido ninguna pesadilla esta noche y, por lo demás, he tenido una existencia bastante pacífica.

Into strangers, turning into dust 
Turning into dust 
Turning into dust

Si sigo contando esto, o algo más similar a éste y los párrafos anteriores, voy a involucionar hacia una etapa muy anterior del blog. Y paso. Así que aquí me quedo. Además, no dejo de ser consciente de que, salvo para los visitantes que tienen algún interés personal en mí, esta entrada es un manojo de retazos incoherentes, lo que tranquilamente se puede llamar una mierda, vamos.

Por cierto, quien haya entendido completamente el título de la entrada, se puede subir un punto de frikismo videojueguil en su hoja de personaje.

Escuchando: Into Dust – Mazzy Star.

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No time to cry

Lunes, 19:59, 01/02/10
Archivado en la categoría: Ciencia, Eventos, Frikismo, Personal

Acabo de llegar del Tesco. Cerca de casa me he encontrado con una gata muy bonita que debía de estar buscando un lugar apropiado para parir. La he llamado y ha venido a mí, muy cariñosa, a reclamar mimos. No me he entretenido mucho con ella, porque aquí los gatos te acompañan a casa a poco que te descuides y luego me da mucha pena tener que decirles que no pueden venir. Además, siempre me acuerdo de Sawyer…

El viernes pasado escribí una entrada que habría preocupado incluso a quien me conozca y le importe menos de todos los que me leéis. El motivo por el que no la publiqué no fue para preservar mi intimidad. Simplemente, hubo una interrupción hacia el final de la entrada, pasó el momento de afrontar las cosas de una manera y empecé a hacerlo de otra. El borrador sigue ahí, no descarto que salga a la luz algún día.

Este sábado pasado, la luna alcanzó su perigeo. La semana anterior a este fenómeno, dormí una media de tres horas al día. Pese a ello, me daba tiempo a tener varias pesadillas cada noche. Algunas eran pura realidad transportada, otras se situaban en los límites de lo creíble, pero todas eran descorazonadoras, alcanzando el punto álgido el viernes.

Ese sábado tan interesante desde el punto de vista astronómico (en el que la luna londinense estaba muy bonita, ciertamente), llegué a casa minutos antes del amanecer con muchas horas de vela a mis espaldas. Tanto ese día como el siguiente, he dormido dentro de lo aceptable por fin.

En realidad, no estoy estableciendo ninguna relación entre uno y otro suceso. Es tan sencillo como que el domingo 24 pasaron dos cosas muy negativas en mi vida, por decirlo con suavidad, y se ve que he tardado una semana en asentarme (no en asimilarlo, hay cosas que no se pueden asumir; de hecho, si lo haces, estás perdiendo un poco de Humanidad*).

*Está escrito con mayúscula porque es un frikitérmino.

Por lo demás, estoy muy feliz. Tengo mucha suerte con mi vida. No siempre he sido una persona alegre y optimista ante las adversidades*. He tenido etapas muy oscuras que ahora me resultan casi ajenas, pero lo cierto es que le debo un 40% de mi personalidad actual a todo aquello, así que no me arrepiento de haber resultado vencida en aquellas ocasiones.

*Edito para añadir que las adversidades a las que me refiero son problemas tan serios que, de hecho, siguen estando ahí, irresolubles. Las trivialidades que preocupan a tanta gente (así va el mundo), a mí no me amilanan.

Escuchando: el disco “First And Last And Always”, de The Sisters Of Mercy. Contiene mi canción favorita del grupo, “Marian”, así como la canción que da título a la entrada, entre otras grandes canciones.

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Cómo está la juventud

Viernes, 18:45, 22/01/10
Archivado en la categoría: Personal

Ayer fui a clases de salsa, después de diez años. Me lo pasé fenomenal. Me encanta bailar aunque a lo que hice ayer no lo llamaría “bailar” todavía. Lo más probable es que este domingo vaya a clase de bachata.

En este punto, algún lector estará repasando el título del blog o se preguntará si han cambiado a la “redactora” en el transcurso de estos doce días de silencio.

Siempre he dicho que me gusta todo tipo de música, lo que pasa es que poca gente me cree cuando lo digo y luego vienen las sorpresas. También insisto en que me encanta bailar de todo (no sólo de “salidas del ataúd” se vive). Es cierto que no toda la música tiene la misma categoría para mí, pero sí pienso que en todos los estilos es posible encontrar algo interesante (en unos es el 99% y en otros el 0,1%), aunque “sólo” sea para bailar.

Es curioso ver cómo te mira la gente cuando cree que se te han cruzado los cables y te has equivocado de garito. Como yo no hago vídeos estupendos como los que hace Calvanki para sus entradas, os dejo con este otro vídeo que representa más o menos lo que seguramente vio la gente ayer:


Al final de la noche y de camino a la parada del autobús, me encontré con un italiano al que, en teoría, habían robado. Lo escuché un rato, su historia me pareció consistente y le di una libra, acordándome de otros españoles que vienen aquí y, por avatares del destino, se acaban quedando sin nada, de manera que se quedan “encerrados” en Londres porque no pueden ni pagarse un avión de vuelta a España.

Me debió de ver majísima y dadivosísima porque luego me pidió el número de teléfono también.

Fui a mi parada habitual y me senté donde siempre (debe de poner “Reservado para Dhaunae” en alguna parte y no me he fijado). Un grupo de yogurines formado por un filipino y cinco broders que despreciaban al filipino se acercó a (intentar) ligar conmigo. Es bonito que, a punto de cumplir 30 años, unos retoños no te crean cuando dices que tienes más de 23.

Un inglés de los pocos ingleses de pura cepa que hay en Londres le estuvo dando clases de “aproximación a féminas de forma elegante” a la panda de brutos mencionada. Pero de donde no hay no se puede sacar. El filipino fue el último en irse, necesitaba mi número de teléfono para ganarse un poco del respeto de sus compadres.

Cuando todo Barrio Sésamo hubo desaparecido y aprovechando que el Cherwell pasa por Oxford, intentó sutilmente que lo invitara a mi casa. Su estrategia era buena, la verdad. Pero una cosa es ser cordial y otra, tonta.

El caso es que un poco atontada sí estaba, porque se me había olvidado que mis dos autobuses habían desviado su ruta desde la semana anterior y no pasaban por esa parada. Así que me tocó ir a otra más hacia el este. Allí había dos franceses que no paraban de hablar (en francés). Yo estaba ocupada con el móvil contestando un mensaje.

En un momento dado, se pusieron a hablar de mí. Se entendía todo perfectamente, así que sonreí porque me hizo gracia. Uno de ellos se dio cuenta, yo me di cuenta de que se había dado cuenta, y sonreí más. Yo seguía con el móvil porque soy una tardona escribiendo mensajes de texto.

Hablaron de hacer un experimento. Est-tu française?, dijo uno de ellos de repente mirándome de reojo. Non*. Lo había pronunciado en francés sólo para ver sus caras de estupefacción y vergüenza momentánea. Otro experimento, tan lícito como el suyo. Éste es mi máximo de crueldad.

Creyeron que era francesa y les tuve que decir en español que era española. “Pero nos has estado entendiendo todo el tiempo, ¿verdad? Que te he visto sonreír”. Hala, egocentrismo al poder. Puede que mis mensajes de texto fueran súper-divertidos o puede que simplemente estuviera muy feliz y ya está. O ambas cosas.

*Hasta ayer, no había caído en que “non” es nasal tanto en gallego como en francés. De hecho, la negación francesa suena a gallego enfurruñado, si se piensa un poco. Sí, el viaje en autobús hasta mi casa era muy largo.

Escuchando: el disco “Winds Devouring Men” de Elend.

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Gloomy Saturday

Domingo, 12:53, 10/01/10
Archivado en la categoría: Personal

Ayer a última hora de la tarde inglesa, salí a comprar folios (para imprimir la última versión de la novela, ¡yupiii!). Comprobé que no había nevado en mi zona, pero que sí había helado a conciencia. Salir al mundo exterior por aquí se ha convertido estos días en un desafío de alto nivel para quienes no tienen el sentido del equilibrio muy desarrollado.

Mis vecinos deben de haberse incluido a sí mismos en este grupo, porque las únicas huellas de mi calle son las mías. Pero me parece normal: de camino al Wilkinson, pude oír las gruesas placas de hielo crujir amenazantes bajo mi peso. De cuando en cuando, un pequeño resbalón obligaba a los pocos viandantes a bailotear ridículamente en una pugna por no partirse la crisma.

El regreso desde un área de cierta importancia, donde la sal sí existe, es todavía peor, porque uno se acostumbra rápidamente a la seguridad del agarre de la suela contra la porosidad habitual del terreno. Aunque parezca una temeridad, era más seguro volver por el centro de la carretera que por la acera.

Éstas y otras cosas (algunas de las cuales se perderán para siempre, y otras serán rescatadas) deberían haberse publicado ayer, pero tuve que irme a la cama temprano porque se me estaba yendo la cabeza bastante.

Ahora estoy muy animada escuchando Phoenix, gracias a Tyler. Después de una tarde-noche gloomy (como diría Calvanki), me he despertado a las nueve de la mañana por una pesadilla absurda:

A mis 29 años, me casaba con uno de mis compañeros de pupitre de mi infancia. Era majo y guapo, ¡pero ni siquiera habíamos mantenido ningún tipo de relación! Lo peor es que yo no tenía tiempo para asistir a mi propia boda. En previsión de este inconveniente, el esquema de la celebración había sido invertido: primero, la fiesta; luego, el banquete; finalmente, la Eucaristía.

Los invitados habían estado toda la mañana del viernes de parranda. Estaban ya en mitad de la comida, que era antes de la misa. La misa, claro, no se podía celebrar sin mi aparición estelar en el momento cumbre. Pero yo todavía estaba eligiendo qué ponerme, porque no me había comprado un vestido para la ocasión, y tampoco tenía zapatos blancos…

Ni siquiera tenía ganas de ir. Vestida sólo con un corsé y unos pololos blancos, me senté unos instantes en la cama de aquella habitación de paredes rosas y medité qué podría pasar si no iba. Seguro que al muchacho le hacía un favor también. O quizás se sintiera humillado. No acababa de entender la importancia que se le atribuía al rito.

Mientras buscaba algo adecuado en mi armario de San Román, mi padre (que no estaba en la boda porque lo rigen sus propios horarios) me informaba de que a mi madre* le habían detectado un tumor en mayo (debíamos de estar en septiembre u octubre). No me lo habían dicho en su momento, pero ahora ya no había nada de qué preocuparse.

Acto seguido, ella misma entraba en mi habitación y me decía que ya se le podía devolver al médico el reloj de su tiempo de vida para que siguiera cuidando de él (se supone que te lo devuelven para que te lo lleves contigo cuando te vas a morir).

*En ese momento estaba, cómo no, trabajando en la salita. Una frase que me había llegado desde la planta de abajo mientras estaba atareada probándome enaguas y barrocas faldas blancas era: “no pienso moverme de aquí hasta que lo de la LOGSE no esté entregado”.

He soñado más cosas absurdas hoy que puedo recordar mejor que ésta, pero son más fácilmente asumibles por tener un anclaje a la realidad mucho menor.

Hoy, mis mareos están muchísimo peor que ayer. Estoy incluso un poco alarmada, porque me ha costado Dios y ayuda terminar esta entrada de las vueltas que daba la casa a mi alrededor. De hecho, es una entrada truncada, así que técnicamente estoy haciendo trampa…

Escuchando: Semi-Charmed Life – Third Eye Blind.

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Hoy no hay título

Jueves, 19:01, 07/01/10
Archivado en la categoría: Ciencia-Ficción, Frikismo, Opinión, Personal

Como mi última entrada es de hace seis días, hace dos días y medio que debería haber llegado a Londres y está habiendo muchas cancelaciones de vuelos debido a la nieve, al problema con los controladores de Barajas, y todo eso, lo primero que voy a decir es (algo ya conocido por mis seguidores de Twitter) que no sólo llegué a Londres antes de ayer como estaba previsto (con BA), sino que EasyJet me ha devuelto el importe íntegro del billete del vuelo truncado aquel viernes de diciembre.

Espero, con esto último, dar una esperanza a los cientos de supongo que desafortunados clientes de EasyJet que me están visitando estos días en busca de información sobre cancelaciones de vuelos, reclamaciones y demás.  Imagino que, como yo en su momento, desconfían mucho de que realmente hagan devoluciones, si han escuchado de viva voz y leído también por Internet las mismas experiencias negativas con que me encontré yo.

Lo anterior, unido a la avalancha de cancelaciones de estos días, seguramente les hace temer lo peor. Desde aquí, muchos ánimos a todos ellos.

El martes, cuando llegué, estaba dispuesta a escribir una entrada-resumen de mi tiempo en España, pero lo aplacé por agotamiento. Ahora no me acordaré igual de bien, pero haré un intento:

- Retrasé mi marcha del 29 de diciembre al 5 de enero, duplicando así mi estancia allí.

- He visto un montón de películas en el cine para el poco tiempo que he estado, en orden cronológico:

  • “Zombieland”, muy divertida y más ¿realista? de lo que esperaba. Me habría gustado más si hubieran mencionado más reglas, pero es difícil inventar otras que puedan rivalizar con la #1 y la #2.
  • “Luna Nueva”, alguien ha copiado a alguieeeen (y mal). Pero seguramente veré todas las que saquen, entre otras cosas, para acabar de entender cómo esto puede haberse convertido en un fenómeno.
  • “Avatar 3D”, alguien ha copiado a alguieeeen (”Pocahontas”, “Bailando con lobos”, mil más) y además no sabe hacer buen uso de la tecnología 3D, al contrario de lo que tanto se había publicitado.  No es que la peli no me haya gustado ni que no sea buena (sólo faltaba, con ese presupuesto), es que no llega ni de lejos a las expectativas creadas.
  • “Número 9″, una idea muy interesante que no supieron resolver. Me gustó (sobre todo, porque se respiraba cierta atmósfera steampunk), pero me quedé con una desagradable sensación de “¿y ya está?”.
  • “Solomon Kane”, exactamente lo que esperaba del autor de Conan, así que muy bien. Y, quien en su día se quedara con ganas de ver a Aragorn enfrentándose al Balrog de Moria, puede verlo en esta peli (como dijo un amigo mío).
  • “Egipto 3D” y “Delfines y ballenas 3D” en el IMAX. El documental sobre los faraones me encantó (no era un reto difícil); el de los cetáceos era tan didáctico que a veces parecía una clase en vez de una película. Esto sí es 3D de verdad y no el de la famosa peli “rodada específicamente para aprovechar las ventajas del 3D y que supondrá un hito, blablablá”.

- He visto el episodio piloto de “Battlestar Galactica (2003)” y me ha encantado. Esto es una novedad, porque cada vez que coincidía que veía algún capítulo suelto, sólo veía politiqueos sin sentido y no entendía cómo alguien podía ser fan de la saga moderna. Resulta que no es tan herético como ver capítulos sueltos de “Perdidos”, pero casi. A partir de ahora, seguiré la serie.

- He podido quedar con gente que no esperaba ver y no he podido ver a amigos que daba por hecho que vería. Omito enumeraciones para preservar su privacidad. En una de esas reuniones se ha anunciado una boda para septiembre de este año. Vértigo. Y mi mejor amiga de BUP habrá dado a luz ya a estas alturas. Me precipito al vacío…

- El gatito de la urbanización de mi madre ha desaparecido. He preferido no preguntar qué había pasado con él, por si me decían que había muerto de frío.

- Sigo echando muchísimo de menos a Sawyer. Como le decía el otro día a Mancini: “a los gatitos naranjas rayados los llamo sawyers como si el espíritu de Sawyercito estuviera en el conjunto de todos ellos, porque no asumo que haya desaparecido para siempre”.

- La cosa más terrible que ha pasado estas Navidades es que se ha muerto uno de mis compañeros de EGB. Fue hace cinco días, tras dos semanas hospitalizado debido a un accidente de tráfico que acabó con la vida de otro joven vecino de Cervantes.

Supongo que, derivado del hecho de que llevaba la mitad de mi vida sin verlo, las dos personas que avisaron del suceso dudaban de que yo recordara a Fermín pero, ¡cómo no hacerlo! Lo recuerdo como si hubiera estado en clase con él hasta la semana pasada. Yo no pude escoger quedarme en Galicia o irme, pero sí pude elegir llevarme todo lo que pudiera conmigo y eso hice.

Ahora ya no me hace ninguna ilusión lo que les había sugerido a estas dos amigas de juntarnos todos los ex-alumnos alguna vez. Si fuera a haber alguna ausencia de gente que no quisiera o no pudiera venir, vale, pero esto… En serio, no me lo puedo creer. Y encima tenía un niño de dos años. Qué injusta es la vida.

Escuchando: todo lo que hay en Spotify de The Crüxshadows (falta “Last Breath”, imperdonable ausencia).

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